Después de varias semanas de análisis y de contarnos con lujo de detalles lo que nos decían nuestras posibles trampas por chat, con Lu terminamos decidiendo probar. Fue más como un acuerdo que otra cosa, estábamos inseguras pero ya sentíamos la adrenalina. Fue algo así como “si vos lo hacés, yo lo hago”. A esta altura la voluntad la teníamos quebrada así que las justificaciones de las chicas nos venían al pelo: “Total lo vamos a hacer sólo una vez por probar y nunca más.”
Un tiempito atrás de esta charla había recibido un mail de Enrique con la foto de su tercer hijo así que le mandé las felicitaciones del caso y de paso le dije que tenía MSN, que a decir verdad era lo único que me interesaba decirle y me llegó justo ese mail porque hacía como 5 meses que no cruzábamos ni una palabra. Habíamos chateado un par de veces nomás (que a propósito me imagino que se aburría bastante en la casa porque estaba on line todos los días). En la primer charla ya me había preguntado cuándo le iba a dar bola. Mmm…Ya me había empezado a gustar más el Messenger. Bah, igual sólo podía ser un juego con los kilómetros de distancia que había en el medio y si no le iba a hacer mal a nadie por hablar, ¿porque no lo iba a hacer? ¿Además quién se iba a enterar? Y si por una de esas casualidades algún día venía a Capital la iba a pilotear con algún verso total no le tenía que dar demasiadas explicaciones si no quería salir.
Todo esto se lo conté a Lucía y me dijo una sola cosa: “Con uno o con otro, con los dos no porque entre ellos hablan y vas a terminar quedando como una puta”. Si, era lógico lo que decía y yo pensaba igual, total la travesura era sólo probar algo nuevo y no volvernos ninfómanas. Pero como yo no estaba convencida todavía en un 100% no tenía que decidir nada y podía seguir jugando con los dos, total con la pantalla de por medio todos somos audaces.
Junio
A esta altura ya había decidido hacer algo, al margen de lo que había hablado con ella ésta fue la decisión final, ya me había convencido a mi misma. Si hubiera medido la temperatura de las conversaciones que tenía con José y con Enrique hubiera hecho explotar el termómetro con cualquiera de los dos. Analicé desde el estado civil de cada uno hasta la mínima probabilidad de que las cosas se complicaran en el caso de engancharse. Era obvio que con Enrique no iba a pasar más que una noche por el simple hecho de que era casado y con José calculo que tampoco, siempre me decía que tenía miedo que me enamore de él asi que no dejaba mucho librado a la imaginación, además no parecía tener especial interés en mí y eso me hacía retroceder un poco. En cambio Enrique era más seductor, me halagaba todo el tiempo y eso me gustaba, que me trate como una Diosa, como si fuera la única mujer que deseaba. Obvio que también me quería coger, no soy tarada, ¿no? Pero hizo el cortejo como corresponde, capaz porque a la distancia era lo único que le quedaba para mantenerme interesada.
Si alguna vez se preguntaron porque con ellos dos es porque eran los únicos que conocía que no eran ni amigos ni parientes pero que no eran completos desconocidos y me inspiraban cierta seguridad.
En resumen, todo lo que analicé fue en vano porque llegó un momento donde me cansé de dar vueltas y darle al asunto tanta importancia, ya hacía dos meses que estaba pensando así que decidí lo más rápido: me voy a sacar la calentura con José. Ya que según había escuchado te ocupa la cabeza sólo cuando estás caliente así que una vez que lo hiciera me iba a olvidar. Además ¿para que iba a seguir tratando de decidir? Si total, la verdad, ¡es que tenía ganas con José! Entonces lo llamé por teléfono y fue bastante sencillo. Después del saludo inicial y hablar alguna cosita sin importancia durante 3 minutos la charla siguió así:
- ¿Cuándo nos vemos? – Me dice de golpe.
- Cuando quieras… – Porque no pensaba arrugar a esta altura.
- Hoy.
- Bueno, ¿dónde y a que hora?
Nos encontramos 2 horas después a 4 cuadras de mi casa. No daba que me viniera a buscar a la puerta pero ni loca iba a caminar demasiado y mucho menos tomar un colectivo o un taxi hasta algún lado. Llegó un poquito antes de lo acordado y había parado el auto en doble fila a esperarme. Me subí y fuimos a tomar un café a Palermo Hollywood a un bar que él eligió. Mucho no me gustaba, no me acostumbraba a la idea de tener que ocultarme pero además me daba la sensación que el que no quería que lo vieran conmigo era él y no al revés. Capaz me perseguí demasiado.
Cuando alguien no te despierta un interés como pareja te podés comportar como si fueras la persona más segura del mundo, sobre todo si ni siquiera te importa lo que piense de vos. Me imaginaba que él pensaba que era una putita más para agregar a su lista y me daba un poco de bronca, pero como no podía hacer que cambiara de idea ni aún diciéndole que era el segundo hombre con el que iba a estar me manejé como si fuera un negocio arreglando que se hacía y cómo. Le tuve que decir que no me interesaba ni tener un amante, ni el sexo casual, ni nada que se acerque a eso y que iba a ser una única vez porque él me había dicho mil veces que tenía miedo que yo me enamore o que me arrepienta y le cuente todo a mi novio y después tuviera problemas como ya le había pasado una vez.
En el bar habremos estado no más de 1 hora prácticamente arreglando los términos de un contrato. Yo hablaba como si la tuviera clarísima y él me daba la sensación que todo le parecía novedoso o no se, quizás le parecía raro que hiciera determinadas cosas en una primera vez pero para mí era normal…¡Qué sabía que había niveles de sexo casual! Se ve que hay cosas que los que son habitué no acceden en un primer encuentro.
Después me llevó de vuelta. Obvio que en el auto algo pasó... Nos besamos un rato y no tardó mucho en pedirme que le diera sexo oral…¡Así nomás! Todo había sido tan pautado que no me pareció desubicado que fuera tan directo. Le dije que si.
Me trataba bárbaro pero tenía una forma que no me hacía sentir muy bien, era algo así como “sólo me interesas para eso y si no te va no hacemos nada”. No creo que haya sido a propósito, quizás era como estar a la defensiva o sería que no estaba acostumbrada a este tipo de relación y me sentía desprotegida. Aunque pensándolo bien, reconozco que la forma en que me comporté me dio seguridad porque iba a tener el control de la situación (al menos en apariencia) y capaz por eso él asumió que para mi era normal salir con hombres por una noche. Bueno, tampoco podía esperar que comportándome así él fuera muy cariñoso.
Ese día organizamos para la semana siguiente un día para encontrarnos e ir directo a un hotel (“telo” para los amigos), ya no había más café ni más charlas ni nada de cortejo. Tampoco éramos amigos así que ni siquiera había que preocuparse por los sentimientos del otro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario