3.10.08

(Cap. 14) Cómo nos conocimos

Conocí a Ciro en la cuadra de mi casa. Él me veía siempre que salía para el colegio porque trabajaba en un negocio de enfrente de mi edificio; en cambio yo no lo registraba, es que todos los empleados usaban la misma ropa y como no los conocía me parecían todos iguales. Siempre trataba de sacar conversación preguntándome de mis perras.
Tenía una perrita que recogimos de la calle que ladraba durante todo el paseo y una pequinesa que se empacaba y no quería caminar. Con mi hermana nos turnábamos para pasearlas y todos nos paraban para hacer un comentario o una pregunta sobre semejantes personajes que teníamos por perras, entonces cuando Ciro se arrimaba a comentar algo del estilo “se empacó” yo trataba de ser simpática, le decía que si y le sonreía, pero eso me lo decía todo el mundo así que más que eso no sabía que contestarle. No daba para charlar más, entonces la levantaba en upa y me iba rápido con la otra que ladraba a los gritos. No quería ser cortante con él pero me ponía incómoda quedarme ahí si no iba a decir más nada.
Una mañana estaba sentada en la puerta de casa con Barbi y para no aburrirnos nos pusimos a mirarlo fijo; pero no porque fuera él, es que no había nadie más. Nos reíamos porque se empezó a poner nervioso. Al rato nos cansamos y lo saludé con la mano como para terminar de molestarlo. Me contestó con un gesto asintiendo con la cabeza. Ahora ya lo identificaba pero no lo iba a saludar porque formalmente no nos conocíamos, igual le hacía la pasadita por la puerta del negocio y miraba para otro lado…Bien de pendeja.
A la semana siguiente, un día que estaba de franco decidió venir a hablarme directamente de algo que no fueran las perras y esperó en la puerta hasta que saliera. Justo bajé con Barbi a comprar pan y ahí estaba él con sus compañeros. Cuando pasamos por delante de ellos me dijo:
- Creo que tenemos que hablar…
- Si. Esperá que voy a comprar pan y vuelvo.
- Bueno, te espero acá.
Iba a volver aunque él creyera que no, pero tenía que llevarle el pan a mi mamá y decir que iba a la plaza con Barbi para no tener que contar toda la historia, además no quería decir nada todavía.
Había venido con una campera de cuero que le daba un look de chico malo que me encantó y además nunca me habían invitado a salir de verdad.
Dejé el pan, Barbi se quedó en la puerta y yo me fui a charlar con él a la plaza que estaba a dos cuadras. Nos sentamos en un banco y hablamos de todo un poco: trabajo, colegio, familia, amigos… Quedamos en que me llamaba al día siguiente para ir al cine.
Al final llamó y arreglamos que me pasaba a buscar a las 7. Tenía permiso hasta las 12 de la noche, considerando que tenía 16 años quizás era un poco restringido el horario pero no me importaba, de cualquier manera casi nunca salía de noche. No me arreglé mucho porque la situación no daba: un pantalón negro, una camperita blanca de toalla y zapatillas. Igual estaba linda. Además, como era la primera vez que alguien me invitaba tenía miedo que me dejara plantada y preferí hacer de cuenta que no estaba tan entusiasmada aunque no hubiera dejado de mirarme al espejo todo el día con el teléfono en la mano y probando a cada rato a ver si funcionaba.
Era jueves 17 de diciembre, ya estaban los boletines así que ya que íbamos para el lado del colegio le pedí que me acompañe a buscarlo.
Me llevó a ver “Blade”, una película de vampiros. Pensé que me iba a besar en el cine y cada vez que se me acercaba era para decirme “qué buena la música, ¿no?”. La película estuvo buena pero considerando la situación podríamos habernos perdido una parte. Volvimos caminando a casa y nos quedamos en la plaza del día anterior, nos sentamos y charlamos hasta que me acarició la mejilla: “Creo que las palabras sobran”. Me besó. Ya éramos novios formales, a la tercera salida esa misma semana lo llevé a comer a casa con todos y desde ese día vino siempre.
Estaba muy enamorada y él también pero no entendía porque nunca quería acompañarme a ningún lado. Lo único que quería era estar con él y para no discutir a veces le decía que no importaba si no venía. Entre muchas cosas que pasaron la que más grabada me quedó fue cuando, ya haciendo casi 1 año que salíamos, me entregaban el diploma de 5º año. A la ceremonia fue toda mi familia, en total éramos 7 con tíos y abuela incluidos. Cuando salimos mi mamá propuso ir a tomar el té a la confitería del Hotel Plaza que nos encantaba y me dijo que lo llame a Ciro, que le dijera que se tome un taxi y viniera. Lo llamé feliz para invitarlo; me contestó que no tenía ganas, que fuéramos nosotros nomás. Me mató, ya no quería ir ni siquiera con los demás.
Siempre se caracterizó por esas actitudes. Durante muchos años le pedí que me acompañe y la respuesta siempre era la misma: No. No dejaba de ir a las fiestas de cumpleaños aunque no tuviera ganas pero siempre tenía una excusa para irme temprano y poder ir a verlo a él. Nunca podía disfrutar completamente, deseaba poder compartir con él esa alegría y no tener que elegir con quien estar. Seis años de la relación fueron así hasta que entré a trabajar. Conocí gente con la que me gustaba estar, sobre todo Enrique aunque todavía no me había dado cuenta que me gustaba.
En el segundo año que llevaba en la clínica, Ciro decidió trabajar más para recuperar las cosas que le habían robado cuando entraron ladrones a su casa así que ahora trabajaba de lunes a lunes. Pasamos de vernos todos los días, y que nunca me acompañara, a vernos 1 noche por semana y que siguiera sin acompañarme, ahora porque estaba cansado y su justificación era válida en este momento.
Sin querer empecé a disfrutar de salir sola. Con una amiga de la facu y mi hermana nos hicimos muy unidas y salíamos todos los fines de semana a bailar a un boliche brasilero que nos encantaba. Sentía más libertad y no me molestaba disfrutar sola, al contrario, a veces hasta no tenía ganas de ir a pasar esa noche por semana con él porque prefería salir con ellas. Hasta que un día, no se cómo, terminé en la cama con José.
Cómo pueden cambiar las cosas en pocos meses, ¿no? No pretendo justificar lo que hice, la infidelidad es fea, eso lo sé. Sé que él me amaba (y yo a él) pero no alcanzaba con eso, uno espera que cuando tiene al lado alguien que lo ama esa persona haga pequeños sacrificios en nombre de ese amor. Nunca le pedí que me compre un barco sólo quería poder preguntarle si iba a acompañarme al cumpleaños de una amiga sin saber de antemano que iba a rechazar la propuesta.
Algunos podrán pensar que soy una basura porque me cogía otro mientras Ciro trabajaba de sol a sol porque necesitaba plata, otros dirán que fue el desenlace esperado de una pendeja de 23 años que sale sin el novio y que si bien era porque ahora trabajaba mucho, ¿antes por qué? Yo todavía no puedo decidir de que lado ponerme porque ese hubiera sido el momento de terminar la relación. ¿Por qué no lo hice? No tuve el coraje. Yo no había dejado de quererlo.

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