Las cosas con Ciro empezaron a ir más o menos, más menos que más. Discutíamos por pavadas y nos pasaba eso de sentir lejos a la otra persona por más que este al lado de uno. Siempre lo había amado pero no había cosas compartidas, o sea, podíamos estar juntos pero siempre nosotros dos solos. Encima ahora trabajaba todos los días incluidos los sábados y domingos y nos veíamos una vez por semana a la noche. Tenía la sensación de que siempre estaba sola porque todas mis salidas le aburrían igual que mis amigos, entonces nunca venía conmigo a ningún lado, lo cuál siempre trajo problemas porque para mí cuando uno tiene una pareja espera que sea compañero aunque no le guste. Sus programas muchas veces eran cosas en las que yo no podía participar y si él salía con sus amigos no me invitaban. Era como si él tuviera una vida conmigo y una vida aparte, y yo quería que él fuera parte de mi vida. Hasta a veces me pasaba que me preguntaban si mi novio existía o era producto de mi imaginación porque nadie lo había visto jamás.
Esta sensación no era desde que empezó a trabajar más sino que había sido una constante desde que nos conocimos, es que según su forma de ser si algo no le gustaba directamente no lo hacía. O sea, no me parece mal aplicarlo a determinadas cosas pero hay otras en las que hay que ceder. A esta altura muchos pensarán porque no lo dejé… Es que cuando tenés 17 años y es la primera vez que amás a alguien te bancas muchas cosas porque todavía tenés la esperanza de que quizás después cambia cuando sea más grande.
Él tuvo la posibilidad de estudiar cuando mi mamá le ofreció todo el apoyo que necesitaba, incluso económico, pero no lo aprovechó. Entiendo que su situación era muy distinta: estaba lejos de su casa y de alguna manera se sentía incómodo de depender de una persona que no era su madre. Quizás fueron crianzas distintas porque en mi caso nunca se me planteó otra opción distinta a hacer una carrera cuando terminara el secundario. Si yo llegaba a mi casa y decía que no quería seguir estudiando para poder salir a trabajar mi mamá seguramente me mandaba a terapia porque pensaba que tenía algún cable suelto. Pero conociendo parte de su historia también sé porque salió a trabajar de tan chico y lo entiendo, pero no justifico todas sus decisiones porque teniendo el apoyo para poder cambiar el rumbo de las cosas no lo hizo. En verdad no soy quién para juzgarlo porque no se si estando en su lugar hubiera hecho la mitad de las cosas que él hizo, sé que no tengo tanta fuerza. Pero también podría haber aprovechado todo ese apoyo para crecer mucho más con el empuje que tenía.
Nunca me gustó ser independiente, al menos no tanto como para hacer todo sola, porque si cada reunión que tenga voy a ir sola, ¿para que quiero un novio? ¿No se supone, acaso, que es para tener una compañía?
Para cuando me cansé de pedirle que me acompañara aprendí a no esperar que viniera y poder disfrutar sola. Ahora que soy más grande y que pasé algunas otras cosas me doy cuenta que quizás ese era el momento donde tendríamos que habernos separado porque cuando una persona que naturalmente no le gusta estar sola aprende a estarlo es porque está adoptando una personalidad que no le corresponde. Es cierto que a los 23 años ya se es adulto pero también influyen las cosas que se vivieron y yo no tenía muchas vivencias que me dieran experiencia en cuanto a relaciones, tenía el mismo novio desde la secundaria y había sido el único. Y además si a los 17 años pensaba que él iba a cambiar ¿porque iba a dejar de pensarlo a los 23? Mi vida no se había modificado en nada: seguía viviendo en casa con mi familia y estudiando sin mayores responsabilidades que pasear los perros a la tarde... ¿El trabajo? No lo hacía por necesidad y encima lo disfrutaba. Cronológicamente era más grande y siempre fui madura pero en teoría solamente porque no tenía la fuerza para poner en práctica lo que pensaba. Si tuviera que decir que pasó entre esas dos edades que haya sido significativo sólo tengo una respuesta: 6 años.
¡Qué errores que uno comete por inexperiencia! Si hubiera podido darme cuenta de esto en ese momento no hubiera vivido nada de lo que pasó después. Aunque quizás tampoco podría haberme dado cuenta de no haberlo vivido…Lástima que se sufre en el proceso, aunque es lo de menos, peor es lastimar al otro.
Esta sensación no era desde que empezó a trabajar más sino que había sido una constante desde que nos conocimos, es que según su forma de ser si algo no le gustaba directamente no lo hacía. O sea, no me parece mal aplicarlo a determinadas cosas pero hay otras en las que hay que ceder. A esta altura muchos pensarán porque no lo dejé… Es que cuando tenés 17 años y es la primera vez que amás a alguien te bancas muchas cosas porque todavía tenés la esperanza de que quizás después cambia cuando sea más grande.
Él tuvo la posibilidad de estudiar cuando mi mamá le ofreció todo el apoyo que necesitaba, incluso económico, pero no lo aprovechó. Entiendo que su situación era muy distinta: estaba lejos de su casa y de alguna manera se sentía incómodo de depender de una persona que no era su madre. Quizás fueron crianzas distintas porque en mi caso nunca se me planteó otra opción distinta a hacer una carrera cuando terminara el secundario. Si yo llegaba a mi casa y decía que no quería seguir estudiando para poder salir a trabajar mi mamá seguramente me mandaba a terapia porque pensaba que tenía algún cable suelto. Pero conociendo parte de su historia también sé porque salió a trabajar de tan chico y lo entiendo, pero no justifico todas sus decisiones porque teniendo el apoyo para poder cambiar el rumbo de las cosas no lo hizo. En verdad no soy quién para juzgarlo porque no se si estando en su lugar hubiera hecho la mitad de las cosas que él hizo, sé que no tengo tanta fuerza. Pero también podría haber aprovechado todo ese apoyo para crecer mucho más con el empuje que tenía.
Nunca me gustó ser independiente, al menos no tanto como para hacer todo sola, porque si cada reunión que tenga voy a ir sola, ¿para que quiero un novio? ¿No se supone, acaso, que es para tener una compañía?
Para cuando me cansé de pedirle que me acompañara aprendí a no esperar que viniera y poder disfrutar sola. Ahora que soy más grande y que pasé algunas otras cosas me doy cuenta que quizás ese era el momento donde tendríamos que habernos separado porque cuando una persona que naturalmente no le gusta estar sola aprende a estarlo es porque está adoptando una personalidad que no le corresponde. Es cierto que a los 23 años ya se es adulto pero también influyen las cosas que se vivieron y yo no tenía muchas vivencias que me dieran experiencia en cuanto a relaciones, tenía el mismo novio desde la secundaria y había sido el único. Y además si a los 17 años pensaba que él iba a cambiar ¿porque iba a dejar de pensarlo a los 23? Mi vida no se había modificado en nada: seguía viviendo en casa con mi familia y estudiando sin mayores responsabilidades que pasear los perros a la tarde... ¿El trabajo? No lo hacía por necesidad y encima lo disfrutaba. Cronológicamente era más grande y siempre fui madura pero en teoría solamente porque no tenía la fuerza para poner en práctica lo que pensaba. Si tuviera que decir que pasó entre esas dos edades que haya sido significativo sólo tengo una respuesta: 6 años.
¡Qué errores que uno comete por inexperiencia! Si hubiera podido darme cuenta de esto en ese momento no hubiera vivido nada de lo que pasó después. Aunque quizás tampoco podría haberme dado cuenta de no haberlo vivido…Lástima que se sufre en el proceso, aunque es lo de menos, peor es lastimar al otro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario