Cuando empecé a salir con Ciro todavía era virgen y siendo adolescente el tema de la virginidad y la primera vez es algo de lo que se habla mucho entre las chicas. Las amigas que ya hayan probado te cuentan como fue y de ahí más o menos te vas haciendo a la idea de lo que te espera a vos.
Después de tres meses de novia me pareció un tiempo prudencial para acceder a hacer algo pero la idea de tener que desnudarme, tirarme en la cama y que él me penetre me daba “cosa”…No se como definir “cosa”, es como una mezcla de sensaciones entre nervios, miedo y pudor. Barbi y otras chicas me habían contado cómo dolía y que sangrabas, que en verdad ya lo sabía porque a los 12 por curiosidad me había comprado un libro de sexualidad para adolescentes y lo había leído completo. En el libro se trataban temas de anticoncepción, enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados, la primera vez, etc., y ya sabía que el hímen está a la entrada de la vagina y que se rompe y puede sangrar con la primera relación sexual. Pero una cosa es leer la descripción médica y otra muy distinta es que una amiga te diga “¡no sabés como duele! ¡Después te arde un montón cuando hacés pis! Y sangrás…Yo manché todo”. Encima siempre me compraba esas revistas femeninas tipo Cosmopolitan pero para adolescentes, había una que se llamaba “Tu” y siempre hablaba de sexo como si todos los adolescentes lo practicaran; y en una de esas leí que si estás nerviosa la vagina se contrae y duele más la primera vez. Obvio que ir a un “telo” sabiendo que iba exclusivamente a tener sexo y pensando que de los nervios me iba a doler más... ¡Ni loca! ¿Y si me arrepentía cuando estuviera ahí? No, que espanto.
La noche de un sábado de marzo, Ciro había planificado todo: íbamos a salir con una pareja amiga e íbamos a ir donde nosotras quisiéramos a tomar algo y el segundo lugar lo elegían ellos. Diego y Elizabeth estaban de novios pero ella ya computaba varios hombres en su haber a pesar de tener 18 años, 1 más que yo. Se suponía que los padres de ella se habían ido de viaje y que íbamos a ir su casa cada uno en un cuarto. Hasta ahí no me molestaba la idea, al contrario, me parecía buena. Ya tenía la decisión tomada de hacer algo esa noche, pero cuando me enteré que íbamos a ir a un hotel porque se pinchó lo de la casa no me animé. Los chicos se fueron al hotel y nosotros a mi casa con Ciro que ya estaba mufado. Para no entrar al departamento porque estaban durmiendo nos fuimos a la terraza. La puerta estaba abierta así que salimos a mirar el cielo. El se sentó en el piso y yo encima de frente a él de modo que tenía que separar las piernas apoyando las rodillas en el piso. Nos besamos un rato y decidimos entrar al lavadero para poder tocarnos un poco sin espectadores de los edificios de enfrente. Tenía una mini muy cortita que me había prestado Evangelina, mi mejor amiga del secundario con quien nos prestábamos toda la ropa, es que a mi me gustaba su ropa y a ella la mía. Con la pollerita me senté en el mármol que está al lado de las piletas y separé las piernas para que él pudiera acercarse y seguir besándonos. En un momento me empezó a tocar por debajo de la pollera y me corrió la bombacha para acariciarme. Obvio que me gustaba así que me relajé y lo dejé pero no pensé que me iba a penetrar sin preguntarme. “¡Lo estoy haciendo! ¡Qué emoción! Y no me dolió nada”. Tampoco sangré. En verdad lo disfruté mucho y fue tan salvaje como me hubiera gustado que fuera así que soy una de las pocas chicas que están conformes con su primera vez porque todas las que conozco les hubiera gustado que fuera distinta y más romántica. Si pudiera volver el tiempo atrás lo haría exactamente igual…Me encantó. Y después quise todos los días y Ciro que tenía 20 años no se hizo rogar. Que haya sido tan natural me valió que él pensara que le había mentido respecto a mi virginidad, pero después me creyó.
La cama que teníamos era fabulosa y a medida que fue pasando el tiempo fue mejorando como era de esperar. Al principio era copular como conejos la mayor cantidad de veces posibles, llegamos a hacerlo 8 veces en 4 horas. En ese momento él vivía con dos compañeros de trabajo entonces se turnaban para usar la casa pero nunca fuimos a un hotel, siempre me cargaba diciendo que perdí la oportunidad de ir a uno cuando ese día le dije que no aunque algún día íbamos a ir… Y la terraza siguió siendo “el” lugar para hacerlo cuando había poco tiempo.
Ya había empezado las clases de 5º año. Cuando entré en primer año nos asignaban al azar uno de los 3 turnos disponibles y a mi me tocó el vespertino que empezaba a las 17.20 hs. A los 13 era un poco problemático el horario porque obligaba a mi mamá a buscarme en la parada del colectivo a las 10 de la noche cuando llegaba pero cuando nos habituamos al horario ya empecé a volver sola porque algunos de mis compañeros venían para el mismo lado y muchas veces aprovechábamos para volver caminando y charlar un rato, total sólo eran 15 cuadras. El horario me venía bárbaro para ratearme y diciendo que iba a cenar con él juntaba como 7 horas para hacer lo que quisiera.
Después de tres meses de novia me pareció un tiempo prudencial para acceder a hacer algo pero la idea de tener que desnudarme, tirarme en la cama y que él me penetre me daba “cosa”…No se como definir “cosa”, es como una mezcla de sensaciones entre nervios, miedo y pudor. Barbi y otras chicas me habían contado cómo dolía y que sangrabas, que en verdad ya lo sabía porque a los 12 por curiosidad me había comprado un libro de sexualidad para adolescentes y lo había leído completo. En el libro se trataban temas de anticoncepción, enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados, la primera vez, etc., y ya sabía que el hímen está a la entrada de la vagina y que se rompe y puede sangrar con la primera relación sexual. Pero una cosa es leer la descripción médica y otra muy distinta es que una amiga te diga “¡no sabés como duele! ¡Después te arde un montón cuando hacés pis! Y sangrás…Yo manché todo”. Encima siempre me compraba esas revistas femeninas tipo Cosmopolitan pero para adolescentes, había una que se llamaba “Tu” y siempre hablaba de sexo como si todos los adolescentes lo practicaran; y en una de esas leí que si estás nerviosa la vagina se contrae y duele más la primera vez. Obvio que ir a un “telo” sabiendo que iba exclusivamente a tener sexo y pensando que de los nervios me iba a doler más... ¡Ni loca! ¿Y si me arrepentía cuando estuviera ahí? No, que espanto.
La noche de un sábado de marzo, Ciro había planificado todo: íbamos a salir con una pareja amiga e íbamos a ir donde nosotras quisiéramos a tomar algo y el segundo lugar lo elegían ellos. Diego y Elizabeth estaban de novios pero ella ya computaba varios hombres en su haber a pesar de tener 18 años, 1 más que yo. Se suponía que los padres de ella se habían ido de viaje y que íbamos a ir su casa cada uno en un cuarto. Hasta ahí no me molestaba la idea, al contrario, me parecía buena. Ya tenía la decisión tomada de hacer algo esa noche, pero cuando me enteré que íbamos a ir a un hotel porque se pinchó lo de la casa no me animé. Los chicos se fueron al hotel y nosotros a mi casa con Ciro que ya estaba mufado. Para no entrar al departamento porque estaban durmiendo nos fuimos a la terraza. La puerta estaba abierta así que salimos a mirar el cielo. El se sentó en el piso y yo encima de frente a él de modo que tenía que separar las piernas apoyando las rodillas en el piso. Nos besamos un rato y decidimos entrar al lavadero para poder tocarnos un poco sin espectadores de los edificios de enfrente. Tenía una mini muy cortita que me había prestado Evangelina, mi mejor amiga del secundario con quien nos prestábamos toda la ropa, es que a mi me gustaba su ropa y a ella la mía. Con la pollerita me senté en el mármol que está al lado de las piletas y separé las piernas para que él pudiera acercarse y seguir besándonos. En un momento me empezó a tocar por debajo de la pollera y me corrió la bombacha para acariciarme. Obvio que me gustaba así que me relajé y lo dejé pero no pensé que me iba a penetrar sin preguntarme. “¡Lo estoy haciendo! ¡Qué emoción! Y no me dolió nada”. Tampoco sangré. En verdad lo disfruté mucho y fue tan salvaje como me hubiera gustado que fuera así que soy una de las pocas chicas que están conformes con su primera vez porque todas las que conozco les hubiera gustado que fuera distinta y más romántica. Si pudiera volver el tiempo atrás lo haría exactamente igual…Me encantó. Y después quise todos los días y Ciro que tenía 20 años no se hizo rogar. Que haya sido tan natural me valió que él pensara que le había mentido respecto a mi virginidad, pero después me creyó.
La cama que teníamos era fabulosa y a medida que fue pasando el tiempo fue mejorando como era de esperar. Al principio era copular como conejos la mayor cantidad de veces posibles, llegamos a hacerlo 8 veces en 4 horas. En ese momento él vivía con dos compañeros de trabajo entonces se turnaban para usar la casa pero nunca fuimos a un hotel, siempre me cargaba diciendo que perdí la oportunidad de ir a uno cuando ese día le dije que no aunque algún día íbamos a ir… Y la terraza siguió siendo “el” lugar para hacerlo cuando había poco tiempo.
Ya había empezado las clases de 5º año. Cuando entré en primer año nos asignaban al azar uno de los 3 turnos disponibles y a mi me tocó el vespertino que empezaba a las 17.20 hs. A los 13 era un poco problemático el horario porque obligaba a mi mamá a buscarme en la parada del colectivo a las 10 de la noche cuando llegaba pero cuando nos habituamos al horario ya empecé a volver sola porque algunos de mis compañeros venían para el mismo lado y muchas veces aprovechábamos para volver caminando y charlar un rato, total sólo eran 15 cuadras. El horario me venía bárbaro para ratearme y diciendo que iba a cenar con él juntaba como 7 horas para hacer lo que quisiera.
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