Cuando estaba en la escuela secundaria en las horas libres nos íbamos al gabinete de computación a chatear. En ese momento había un programa que se llamaba Mirc donde uno ingresaba con un nickname y hablaba con los que estaban conectados en el mismo canal que uno. Por la cantidad de horas que pasé chateando cuando era adolescente ya no me atraía en lo más mínimo ningún programa que me permitiera hablar con nadie y menos si era para hablar con la gente que veía todos los días… ¿Qué les iba a decir de nuevo?
Al final decidí crearme una dirección para poder usar el MSN, ya que todos tenían una quería ver que tan entretenido podía ser. Y resultó que si, porque por la computadora uno habla cosas que personalmente jamás se diría.
Mis contactos eran la gente de la clínica más que nada y algún que otro amigo o amiga del secundario porque después no conocía a más nadie que usara el Messenger: José Balestra, Eric Badel, Enrique Larzábal, algunas de las chicas, también Azul y otros amigos.
Con Eric y con Azul prácticamente hacíamos todas las salidas y paseos juntos o sino venían a casa y nos alquilábamos dos películas (hasta el día de hoy es así). Cualquiera pensaría que nuestras salidas eran una joda loca y nada que ver…O caminábamos o nos quedábamos tomando leche chocolatada mirando las películas.
Abril
José estaba siempre conectado así que empezamos a hacernos amigos “por chat”. Un amigo por chat nunca se convierte en un amigo real, esto lo aprendí ahora: si le caes bien a alguien con quien te cruzás en el trabajo todos los días y pretende acercarse como amigo, directamente lo hace. Pero cuando las conversaciones son casi siempre con la maquina de por medio “ser amigos” no es la intención principal.
Personalmente era tan lacónico que no sabías si te contestaba un si a secas porque era de pocas palabras o porque era una forma de decirte “dejá de joder”. Pocas veces me hacía una pregunta de interés acerca de algo mío pero si era por no ser metido ya se pasaba, nunca hacía un comentario picante… ¡nada! Pero por MSN era otra persona así que empezamos a entrar en confianza.
Para mi todo cambió a partir de una conversación que tuve con él, desde ahí me pasaron cosas que nunca me hubiera imaginado. Podría decir que ese fue el día donde salí de la burbuja en la que vivía.
Me parecía lindo pero no me gustaba con alguna intención en particular aunque me entretenía hablar con él porque era simpático. Ese día me dice: “No sabés todo lo que te haría si no estuvieras de novia”.
¡Guau! Me sorprendió porque nunca habíamos hablado de algo concreto y que quedara claro que la cosa era él-yo; siempre habían sido temas sin importancia. En verdad ni siquiera me imaginaba que podría haberme mirado, pensaba que estaba en otra, auque mi ego no hubiera permitido no saber cuánto me deseaba. Hizo que me picara el bichito de la curiosidad y quise seguir jugando a ver que pasaba. Cuando le contesté no pensaba en una aventura ni nada de eso sino sólo en seguir el juego como había hecho siempre cuando chateaba desde el colegio. Pero había una diferencia: a los otros ni siquiera los conocía y a él lo veía todos los días, y no ví venir que el histeriqueo iba a empezar personalmente también. Así que le respondí: “Ah, ¿si? ¿Y que me harías?”
Mayo
Lucía era una amiga mía de la facultad que estaba de novia hacía bastante tiempo y tenía mi misma edad. Un día reunidas con otras compañeras salió el tema de las aventuras. Ni Lucía ni yo teníamos nada para contar más que haber mirado a alguien alguna vez o que alguno nos haya invitado a salir, pero las otras si así que nos dedicamos a escuchar y resultó que casi todas pensaban que una aventura que no trascendiera más allá de un par de noches alguna vez en la vida no era juzgable.
Una de las chicas contó que había estado de novia durante 7 años pero que no sólo se llevaban más o menos sino que encima el chico tenía problemas con drogas. Parece que conoció a otro y empezó a estar demasiado cerca de este nuevo ejemplar hasta que terminó de decidir separarse de su novio. Pero llegó un momento donde las cosas se superpusieron y hubo una etapa de alrededor de 1 mes en que estuvo con los dos, y una vez que se separó siguió siendo novia del que había conocido pero no duró mucho. Su justificación (porque todos tienen una que los haga parecer menos culpables) era que estaba mal aunque le costaba dejarlo porque en verdad lo quería pero no podía seguir tolerando el tipo de vida que él pretendía llevar. Dice que se arrepiente de haber hecho las cosas de esa manera pero que de todo se aprende y quizás por algo se le dieron las cosas así. Ahora está casada con un chico que conoció en un micro de larga distancia y con el que estuvo 1 año de novia nada más pero están bien y no se le ocurre serle infiel.
Éramos 4 en ese momento: 2 con historias, 2 de novia y sin historia y una sin novio y sin nada para contar pero que apoyaba lo que decían las otras. Lucía y yo éramos las más chicas, las otras 3 ya tenían cerca de 30 y todas coincidieron en que una infidelidad no se puede decir que esté mal de entrada sino que siempre hay que mirar la situación en que se dio y cómo se dio.
Andrea, otra de las chicas, nos contó que su marido tenía un primo con el que ella se llevaba muy bien y que joda va, joda viene terminaron confesando que “estaban calientes con el otro” (según las palabras de ella). Dice que salieron 3 veces en total pero que después la cortaron y que no se arrepiente de haberlo hecho porque en el momento en que estaba pensando en el otro tipo no podía concentrarse en otra cosa, como que estaba siempre pendiente de ver cuando hablaban, cuando se cruzaban… Pero cuando se sacó las ganas dejó de pensar y pudo seguir adelante como siempre, de hecho se casó con su novio de ese momento, que por supuesto jamás se enteró que ella le bajó la caña a su primo, y ya tienen 2 hijos.
Como con Lu íbamos para el mismo lado volvió a salir el tema y me confesó que ella chateaba con un pibe que le encantaba y que había pensado en “probar” pero la frenaba el hecho de estar de novia y tenía miedo de sentirse mal después y que eso perjudicara su relación. Yo le conté de José, que a esta altura el histeriqueo ya venía como de 1 mes atrás y cada vez se decían cosas peores. Si fuera sólo por probar ya lo hubiese hecho total ¿quién iba a decir algo? Pero como siempre fui de las personas que juzgaban una infidelidad entendía lo que ella sentía porque me pasaba lo mismo pero al mismo tiempo no podía dejar de escuchar las justificaciones de las chicas: “cuando lo hacés te olvidás”, “si es una vez nada más que por curiosidad y no lastimás a nadie es perdonable”, “te sirve para aprender, madurás, te das cuenta de muchas cosas”. A esta altura si tuviera que diferenciar lo bueno de lo malo diría que ser infiel es malo y no es algo subjetivo, o sea, no es que si yo estoy mal con mi pareja tengo el derecho de tirarme una canita al aire porque seguramente el otro también está igual de mal y quizás no lo hace. ¿Me explico? También es cierto que a veces se dan las cosas de una manera que es muy difícil evitarlas donde se necesita una increíble fuerza de voluntad y a veces ese tipo de “explicaciones” que daban las que ya lo hicieron sirven para deshacerse de parte de la culpa. Todo esto sería demasiado simple si todos actuáramos según la razón pero cuando se toma una decisión también juegan otros factores. Hoy, después de todo lo que viví, podría asegurar que uno puede cometer un error al estar con otra persona que no es la pareja y que no se hizo por maldad ni con ninguna otra intención, sólo pasó y para cuando te diste cuenta en lo que te habías metido ya era tarde.
Al final decidí crearme una dirección para poder usar el MSN, ya que todos tenían una quería ver que tan entretenido podía ser. Y resultó que si, porque por la computadora uno habla cosas que personalmente jamás se diría.
Mis contactos eran la gente de la clínica más que nada y algún que otro amigo o amiga del secundario porque después no conocía a más nadie que usara el Messenger: José Balestra, Eric Badel, Enrique Larzábal, algunas de las chicas, también Azul y otros amigos.
Abril
José estaba siempre conectado así que empezamos a hacernos amigos “por chat”. Un amigo por chat nunca se convierte en un amigo real, esto lo aprendí ahora: si le caes bien a alguien con quien te cruzás en el trabajo todos los días y pretende acercarse como amigo, directamente lo hace. Pero cuando las conversaciones son casi siempre con la maquina de por medio “ser amigos” no es la intención principal.
Personalmente era tan lacónico que no sabías si te contestaba un si a secas porque era de pocas palabras o porque era una forma de decirte “dejá de joder”. Pocas veces me hacía una pregunta de interés acerca de algo mío pero si era por no ser metido ya se pasaba, nunca hacía un comentario picante… ¡nada! Pero por MSN era otra persona así que empezamos a entrar en confianza.
Para mi todo cambió a partir de una conversación que tuve con él, desde ahí me pasaron cosas que nunca me hubiera imaginado. Podría decir que ese fue el día donde salí de la burbuja en la que vivía.
¡Guau! Me sorprendió porque nunca habíamos hablado de algo concreto y que quedara claro que la cosa era él-yo; siempre habían sido temas sin importancia. En verdad ni siquiera me imaginaba que podría haberme mirado, pensaba que estaba en otra, auque mi ego no hubiera permitido no saber cuánto me deseaba. Hizo que me picara el bichito de la curiosidad y quise seguir jugando a ver que pasaba. Cuando le contesté no pensaba en una aventura ni nada de eso sino sólo en seguir el juego como había hecho siempre cuando chateaba desde el colegio. Pero había una diferencia: a los otros ni siquiera los conocía y a él lo veía todos los días, y no ví venir que el histeriqueo iba a empezar personalmente también. Así que le respondí: “Ah, ¿si? ¿Y que me harías?”
Mayo
Lucía era una amiga mía de la facultad que estaba de novia hacía bastante tiempo y tenía mi misma edad. Un día reunidas con otras compañeras salió el tema de las aventuras. Ni Lucía ni yo teníamos nada para contar más que haber mirado a alguien alguna vez o que alguno nos haya invitado a salir, pero las otras si así que nos dedicamos a escuchar y resultó que casi todas pensaban que una aventura que no trascendiera más allá de un par de noches alguna vez en la vida no era juzgable.
Una de las chicas contó que había estado de novia durante 7 años pero que no sólo se llevaban más o menos sino que encima el chico tenía problemas con drogas. Parece que conoció a otro y empezó a estar demasiado cerca de este nuevo ejemplar hasta que terminó de decidir separarse de su novio. Pero llegó un momento donde las cosas se superpusieron y hubo una etapa de alrededor de 1 mes en que estuvo con los dos, y una vez que se separó siguió siendo novia del que había conocido pero no duró mucho. Su justificación (porque todos tienen una que los haga parecer menos culpables) era que estaba mal aunque le costaba dejarlo porque en verdad lo quería pero no podía seguir tolerando el tipo de vida que él pretendía llevar. Dice que se arrepiente de haber hecho las cosas de esa manera pero que de todo se aprende y quizás por algo se le dieron las cosas así. Ahora está casada con un chico que conoció en un micro de larga distancia y con el que estuvo 1 año de novia nada más pero están bien y no se le ocurre serle infiel.
Éramos 4 en ese momento: 2 con historias, 2 de novia y sin historia y una sin novio y sin nada para contar pero que apoyaba lo que decían las otras. Lucía y yo éramos las más chicas, las otras 3 ya tenían cerca de 30 y todas coincidieron en que una infidelidad no se puede decir que esté mal de entrada sino que siempre hay que mirar la situación en que se dio y cómo se dio.
Andrea, otra de las chicas, nos contó que su marido tenía un primo con el que ella se llevaba muy bien y que joda va, joda viene terminaron confesando que “estaban calientes con el otro” (según las palabras de ella). Dice que salieron 3 veces en total pero que después la cortaron y que no se arrepiente de haberlo hecho porque en el momento en que estaba pensando en el otro tipo no podía concentrarse en otra cosa, como que estaba siempre pendiente de ver cuando hablaban, cuando se cruzaban… Pero cuando se sacó las ganas dejó de pensar y pudo seguir adelante como siempre, de hecho se casó con su novio de ese momento, que por supuesto jamás se enteró que ella le bajó la caña a su primo, y ya tienen 2 hijos.
Como con Lu íbamos para el mismo lado volvió a salir el tema y me confesó que ella chateaba con un pibe que le encantaba y que había pensado en “probar” pero la frenaba el hecho de estar de novia y tenía miedo de sentirse mal después y que eso perjudicara su relación. Yo le conté de José, que a esta altura el histeriqueo ya venía como de 1 mes atrás y cada vez se decían cosas peores. Si fuera sólo por probar ya lo hubiese hecho total ¿quién iba a decir algo? Pero como siempre fui de las personas que juzgaban una infidelidad entendía lo que ella sentía porque me pasaba lo mismo pero al mismo tiempo no podía dejar de escuchar las justificaciones de las chicas: “cuando lo hacés te olvidás”, “si es una vez nada más que por curiosidad y no lastimás a nadie es perdonable”, “te sirve para aprender, madurás, te das cuenta de muchas cosas”. A esta altura si tuviera que diferenciar lo bueno de lo malo diría que ser infiel es malo y no es algo subjetivo, o sea, no es que si yo estoy mal con mi pareja tengo el derecho de tirarme una canita al aire porque seguramente el otro también está igual de mal y quizás no lo hace. ¿Me explico? También es cierto que a veces se dan las cosas de una manera que es muy difícil evitarlas donde se necesita una increíble fuerza de voluntad y a veces ese tipo de “explicaciones” que daban las que ya lo hicieron sirven para deshacerse de parte de la culpa. Todo esto sería demasiado simple si todos actuáramos según la razón pero cuando se toma una decisión también juegan otros factores. Hoy, después de todo lo que viví, podría asegurar que uno puede cometer un error al estar con otra persona que no es la pareja y que no se hizo por maldad ni con ninguna otra intención, sólo pasó y para cuando te diste cuenta en lo que te habías metido ya era tarde.
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