Ahora que los nervios se habían ido, tenía hambre: “Quiero un capuchino…Y torta. ¿Vamos?”. Eran como las 3 de la mañana y llovía a cántaros así que fuimos a un bar por ahí cerca. Se tomó un café y yo pedí mi capuchino y una Cheese Cake. Comió unos bocaditos de torta pero se estaba cayendo de sueño, me daba ternura que estuviera ahí callado y con la mirada perdida esperando que comiera. Como al día siguiente entraba a las 8 de la mañana a dar una clase, a lo que había venido en realidad, en cuanto terminé nos fuimos.
Algo había cambiado, estábamos lo suficientemente cómodos para disfrutar del silencio por más que estuviéramos juntos. No había sido una noche de sexo solamente, era más como si fuera una primera cita con una persona con la que se va a tener una relación larga.
Me dejó a dos cuadras de mi casa, los dos estábamos de acuerdo en que no era lo mejor que me dejara en la puerta. Nos dimos un beso y me fui. Ya eran las 4.30. Ese beso fue un “hasta mañana”, que en ese momento me pareció de lo más normal aunque no debería haber sido así. No hubo comentarios al respecto de cómo la pasamos ni hablamos de vernos en otro momento, estaba implícito. Él me tendría que haber despedido de una manera más fría, quizás algo que significara que la pasamos lindo pero que fue sólo esto. Al acostarme tenía la misma sensación de cuando fue mi primera vez con Ciro, dejé de sonreír porque me venció el sueño.
Dormí entrecortado hasta las 8, me pasa siempre que me acuesto tarde. A esta hora ya estaba despierto y pensé en mandarle un mensajito. Escribí “te extraño” pero creí que era demasiado, lo borré y escribí “tengo ganas de verte”, que también me pareció mal. Lo mejor era no mandar nada, por más entusiasmada que estuviera él tenía su vida y tampoco quería quedar como una boluda, aunque me moría por decirle algo así que tampoco soltaba el teléfono, y justo entró un mensaje. Eran las 8 de la mañana de un sábado, ¿quién me va a mandar un mensaje a esa hora? Pensé que capaz era Lu porque habíamos quedado en vernos al mediodía.
De Enrique Larzábal: “Te extraño”
No lo podía creer. ¡Qué emoción!
Para Enrique Larzábal: “Yo también! Te había escrito un msj pero no me animé a mandarlo xq tenía miedo que te enojes.”
De Enrique Larzábal: “Vení a verme. Te invito a almorzar conmigo.”
Para Enrique Larzábal: “Bueno, a las 11 estoy x allá.”
De Enrique Larzábal: “Te espero.”
Menos mal que le dije a las 11, por lo menos podía remolonear un rato más en la cama aunque de dormir ni hablar. Igual no me animaba a ir sola, era un exposición… ¿Y si me cruzaba con alguien conocido? Me daba vergüenza acercarme a él a plena luz del día y además ir sola como si me muriera de ganas de verlo, él estaba ahí porque estaba trabajando, no era lo mismo. Le pedí a Lucía que me acompañe un rato y que después se vaya, y de paso la veía y le contaba todo lo de la noche anterior.
10.45 me encontré con Lu en la puerta de la exposición de medicina que se hacía en la Rural de Palermo. Recorrimos un poco antes de ir a buscarlo. Cuando lo ubiqué justo estaba hablando con unos colegas así que nos quedamos cerca hasta que terminara. Pensé que me había visto por eso cuando terminó de hablar no me acerqué. Mandó un mensaje preguntando donde estaba, “a tu derecha”, le contesté. Se rió y vino hacia nosotras; charlamos un rato los 3, pero a cada rato lo llamaban o aparecía alguien a saludarlo. En una de las veces que se fue le dije que la acompañaba a Lu a la puerta y volvía.
- ¿Viste como te miraba? – Me preguntó Lucía con una sonrisita.
- Je…¿Cómo?
- Se le nota mucho que le gustás. A vos también se te nota pero menos.
- Si, je… No se, puede ser. Igual trato de no mirarlo tanto. - Yo sabía como nos mirábamos, estabamos embelesados. Nos mirábamos a los ojos con una sonrisa y no sabíamos que decir.
- No es feo tipo... Es alto, tiene presencia, es un hombre muy interesante… A mi me gustan los hombres así.
- Si, a mi también… Bueno, obvio, ja.
Después de acompañarla hasta la puerta volví y me quedé con él un rato más. Hablamos de lo bien que la habíamos pasado la noche anterior como si fuera normal que estuvieramos juntos en ese momento y que más tarde nos viéramos de nuevo. Me encantaba estar con él. Podía mirarlo a los ojos mientras me hablaba aunque no entendiera una sola palabra de lo que me estaba diciendo, pero no me animaba a acercarme. No podía ni siquiera tocarle el brazo como lo haría con cualquier conocido. No se si era miedo de que alguien se diera cuenta de algo o de que él se enoje pensando que estaba creyéndome algo que no era. En realidad lo primero no porque en ese momento se lo hubiera contado a todo el mundo, pero lo segundo me paralizaba.
Luego de un llamado que recibió me dijo que no podía almorzar conmigo porque unos jefes habían organizado una comida y le acababan de avisar pero no podía dejar de ir. Le contesté que no había problema, que después hablábamos y pensé “listo, se hartó. Qué buena excusa; fue lindo pero acá se acabó”. Conociendo su situación no pensaba llamarlo; no quería parecer pesada y menos sabiendo que se volvía en 3 días, seguro iba a querer salir el fin de semana con amigos y no quería pasar por una situación incómoda si le decía de salir y me rechazaba. Además siempre fui de esas personas que piensan qué clase de boluda puede enamorarse de un tipo casado. Me volví a casa un poco decepcionada pero ya se me iba a pasar en unos días (en varios días).
A eso de las 4 de la tarde llamó para contarme que ya había almorzado y para invitarme a salir esa noche. Me moría por verlo pero le tuve que decir que no porque los sábados siempre iba a lo de mi abuelo y no quería dejarlo esperando, después de todo esto sólo iba a ser una aventura y no podía dejar mi vida de lado.
- ¿Y mañana a la tarde? – Me volvió a preguntar.
- Me quedo allá hasta el lunes. Si querés el lunes sí nos vemos.
- Bueno, el lunes.
El domingo no aguanté, tenía miedo que si pasaba un día sin hablarle se olvide de mi. Le mandé un mensajito por teléfono sólo para decirle que esperaba que fuera mañana para verlo y en seguida me contestó que él también tenía ganas de verme.
El lunes con toda la emoción que podía tener me vestí para ir al gimnasio. Siempre tardaba aproximadamente dos horas así que era tiempo suficiente para vernos y le dije que viniera cerca así no perdíamos un solo minuto. Quedamos en encontrarnos en Beruti y Bustamante. Las cuadras que caminé hasta ahí parecían interminables, mientras iba pensando cómo lo iba a saludar cuando lo viera. Sentía mariposas en el estómago… Siempre pensé que eso era cursi pero es cierto.
Cuando llegué estaba estacionado esperándome. Me subí y fuimos a dar unas vueltas porque tiempo para ir a un hotel no había. Fuimos por Libertador hasta Palermo, volvimos por Santa Fé hasta la Reco y bajamos por Corrientes hasta el Obelisco mientras charlábamos. Al final decidimos parar para poder hablar mejor.
Estacionó en una calle un poco retirada para estar tranquilos sin que nadie conocido nos viera y aunque pasaba un montón de gente no parecía importarle. Me arrodillé en el asiento de frente a él y lo abracé y besé con las ganas que venía acumulando desde hacía 2 días. Sabía que se iba al día siguiente pero no me importaba, era como si no pudiera concentrarme en nada más allá de lo que estaba viviendo en ese mismo momento. Nos mirábamos a los ojos como si no hubiera nada más alrededor, creo que no podíamos desviar la mirada porque todavía no entendíamos como es que todo esto podía pasarte en una sola noche y con esa intensidad… ¿El simple hecho de tener sexo (formidable, pero sexo al fin) puede dejarte inmerso en esas sensaciones? Era conciente de que parte de lo que sentía se explicaba con el entusiasmo que tenía por salir con él y mal que mal me lo había visto venir de entrada pero también sabía que él se iba a abrir después de esa noche para continuar con su vida como si nada hubiera pasado y a lo sumo yo quería como un lindo recuerdo si es que siquiera le quedaba el recuerdo. ¿Y ahora como se sigue? Qué dificil es evadir esa mirada tan tierna y pensar que mañana va a estar con su familia mirándolos igual quizás, después de todo supongo que los querrá. Lo que más curiosidad me inspiraba era qué pensaría él antes de encontrarse conmigo la primera vez… Capaz le pasaba como a mi que no se daba cuenta cuánto le gustaba y que no sólo me miraba porque era linda. Capaz había algo más que el sexo que le llamara la atención de mí, no sé que sería.
Nunca me planteé que pasaría con su familia, no porque no supiera que tuviera una sino que para mí no existían, nunca los había visto ni siquiera en foto. Cuando se fuera iba a estar con ellos físicamente pero su cabeza quedaba en Buenos Aires; y su corazón no sé, no me arriesgaría a opinar pero no creo que haya quedado una parte acá, al menos no todavía.
Era probable que todo esto fueran conjeturas mías y que él sólo quisiera pasar un buen fin de semana, aunque no me daba la sensación de que fuera así. En ese momento estábamos disfrutando el simple hecho de estar con el otro. Y bueno, me iría enterando a medida que pasen los días.